¿CUÁL
ES EL ALMA DEL PERIODISMO ACTUAL?
Estela Garzón
En estos días en que la invasión al pueblo de Irak es la cumbre brutal y trágica de la política, se acentúa el vínculo entre periodismo y guerra. La invasión no solo es librada en el terreno militar y económico, sino también en el psicológico: “Ganar la guerra es también controlar las imágenes y las palabras”. Los recursos de la inmediatez, de la instantaneidad y de la espectacularización de la información, son parte de la guerra de la información por conquistar la mente y el alma de las personas. La política de Estados Unidos en este campo no es nueva.

Las grandes cadenas de televisión, con el fin de lograr el mayor impacto
posible, en los horarios estelares saturan a los televidentes de miniseries
sobre la guerra con un gran despliegue de elaborada musicalización,
de diseño gráfico y de títulos especiales durante los
noticieros, en los que se destaca la manipulación de los símbolos
nacionales estadounidenses, la foto en marco de plata de un niño norteamericano
sonriente situada detrás del presidente Bush, mientras éste
anuncia el inicio de la invasión a Irak. En la jerga periodística
se incorporan expresiones castrenses como la de “daños colaterales”.
Esta frase de la propia guerra convertida en “invisible”, oculta
los crímenes de guerra contra la población civil irakí
y los altos costos humanos y materiales del “flagelo de la guerra que
ha inflingido a la Humanidad sufrimientos indecibles”, si recordamos
las palabras de la Carta de la ONU.
La complicidad mediática con la guerra sacrifica la verdad; la mentira,
la ocultación o el falseamiento de los hechos son normales. Los medios
al servicio de la guerra pretenden dotar de credibilidad y legitimidad a la
propaganda, a la desinformación deliberada. Ello, sin contar los casos
de censura encubierta y de la autocensura (ésta última entendida
como “la coexistencia del individuo con un observador interiorizado
y cruel que no sólo controla sus pensamientos, sino también
su imaginación y su creación”), propias de las atmósferas
de terror.
La superabundancia de la información que de manera simultánea transmite la televisión, la prensa, la radio y la Internet, nos introduce en un laberinto sin tiempo para verificar fuentes, contrastar la información, contextualizarla, analizar con profundidad o tener una opinión que contrapese y confronte la propaganda. Esta estrategia cumple incluso la función de un biombo que oculta, es opaco y hace más difícil la búsqueda de información. El tremendo problema del poder “organizando la verdad”, permite que se conozca sólo lo que el pueblo debe saber para controlar sus reacciones, para no otorgarles fuerza con el conocimiento de la verdad. Este tema fue analizado, en 1991, por Armand Mattelart en su libro La comunicación-mundo: historia de las ideas y de las estrategias: “La lógica de la guerra ha hecho florecer los pensamientos simplificadores, las intolerancias y las certezas ciegas en la representación mediática, no sólo de cuantos se oponían a la guerra en el seno mismo de las grandes sociedades occidentales, sino también, y sobre todo, de la otra parte del mundo”.
La proliferación de noticias en tiempo real ha endurecido aún más el control político. En el reino de las armas no priman las palabras que podrían llevar a la conciliación del mundo; priman las reglas de informar lo que el Pentágono quiere. El sistema mediático se transforma en un sistema de eco y la comunicación militar domina a la información periodística “¿Cómo una actividad intelectual destinada a la paz y la convivencia de los pueblos acaba siempre por convertirse en una suerte de instrumento estratégico?”.
Quienes se han convertido en voceros de la línea editorial impuesta por el poder económico militar, están actuando de una manera opuesta a la opción ética, digna y humana que se supone que deberían adoptar los periodistas. Hoy más que nunca los periodistas están llamados a decir lo que realmente han visto, lo que creen y lo que realmente sienten en el complicado escenario mundial. La hegemonización y control de las mentes, el anonimato a los periodistas de los medios sometidos a las razones impersonales del mercado y del consumo de la divulgación, sólo podrán contrarrestarse con un periodismo auténtico, capaz de testimoniar y denunciar, de elegir cada significante para opinar y mantener vivo al periodismo, como lo destaca Robert Fisk, enviado especial de The Independent a Bagdad:
“La guerra no es cuestión de victoria y aptitud. La guerra es fundamentalmente una cuestión de muerte, es el fracaso, la caída del espíritu humano. Aquel periodismo que esté a favor de esto, debería sentirse avergonzado de sí mismo. (...)
“No se trata más de la confusa información que presentan estadounidenses y británicos: está también lo que sabemos que no se nos ha informado. Sabemos por ejemplo que los estadounidenses están utilizando una vez más municiones de uranio empobrecido (UE) en Irak, como lo hicieron en 1991 (...). Antes del inicio de la guerra aseguraban que intentaban usar esas armas las cuales son fabricadas con desechos de la industria nuclear –para perforar blindajes- y, son causantes de distintos tipos de cáncer. La BBC informó que los marines de Estados Unidos habían utilizado aviones A-10 para hacer frente a “focos de resistencia”, pero no mencionaron que el A-10 utiliza municiones de UE. Ahora, por primera vez desde 1991, nosotros, los occidentales, estamos rociando estos aerosoles de uranio en los campos de batalla del sur de Irak y nadie nos informa de ello. ¿Por qué no?.”
La aplicación de la fórmula fatal de nuestro tiempo, neoliberalismo / globalización, cuenta con la complicidad mediática que ha desarrollado la visión unilateral de los medios y desde los medios, manipulando las mentes, hasta el extremo de querer mostrar al mundo la barbarie de una guerra como si se tratara de un video juego. La tendencia a la mega-empresa y a la concentración hundió a los noticieros en un festín de inversiones e intereses, opuesto a la objetividad y a la libertad de prensa.
Mientras prime la obediencia a los dictados del mercado y al impacto informativo, el dinero pesará más que la verdad y existirá poco espacio en la prensa para algo distinto de la inversión y la ganancia.
El periodismo utilizado como brazo acrítico del poder bélico
En medio de la ambición y el “orden” económico global, las actitudes pro-guerra y pro-gobierno de las cadenas privadas estadounidenses, incluyendo la manipulación y distorsión de informaciones, reflejan que hoy, más que nunca, los medios son parte de la maquinaria bélica norteamericana: unos 500 periodistas, cuidadosamente seleccionados, llamados “incrustados” viajan con las fuerzas estadounidenses o británicas y están sujetos a una censura destinada a confundir a los televidentes o radioescuchas de todo el mundo.
Eduardo Galeano, se pregunta: “Durante unos cuantos días Naciones Unidas cubrió con una cortina el Guernica de Picasso para que esa desagradable escenografía no perturbara los toques de clarín de Colin Powel.
¿De qué tamaño será la cortina que esconderá la carnicería de Irak, según la censura total que el Pentágono ha impuesto a los corresponsales de guerra?.”
Si el periodismo actual naufraga en el océano de lo comercial y lo político, si la información se convierte en el recurso estratégico por excelencia, si las únicas noticias libres de manipulación son aquellas que no importan ni afectan a nadie; la falta de libertad de expresión hará que la vida humana pierda una de sus características más sustantivas, alejando a las personas de toda conciencia de su entorno y, consecuentemente, de toda posibilidad de crítica y de participación en la toma de decisiones de la comunidad política a la que pertenecen los ciudadanos. Si el periodista renuncia a la responsabilidad de contar cómo es el mundo, de abrir caminos a la comprensión de la realidad, se hablaría entonces del fin del periodismo. La ética periodística hoy resulta más urgente de aplicar que nunca, a pesar de la subordinación a la que le ha sometido el mercado y los círculos de un poder cada vez más siniestro.
En el país, algunos medios tratan de recuperar su espacio de independencia, objetividad y verdad, aunque esta posición moleste a la embajadora de Estados Unidos, Kristie Kenney, quien opina: “Ustedes tienen una prensa libre, pero lamento que, de vez en cuando, diarios como HOY no han pasado información balanceada”. Según la embajadora estadounidense “estamos lejos de Iraq, lejos de Washington, y de la guerra”. Por suerte, los esfuerzos de periodistas, entre muchos más Elías Dávila enviado especial de Diario Expreso, están dispuestos a descorrer la cortina que esconde la tragedia que vive el pueblo de Irak:
“He hablado hoy, y mucho, con los huérfanos de la alegría, ¡qué pena! Su tristeza, está reflejada en sus caras, y no puedo estar tranquilo... Nadie puede ser ajeno a tanta violencia (...). Esta misión aunque me rompe las entrañas, me obliga a informar con la misma verdad que nos hablaba San Juan, pues nos hace libres de lo escondido. Aunque lo presentado sea tan terrorífico que quisiéramos no exista”. (Expreso, 30/03/2003)
Los actuales retos del periodismo
Ignacio Ramonet, piensa que los periodistas tienen hoy en día una función social mucho más importante de la que ellos mismos creen y asumen, intimidados como están por toda esa avalancha de información que se les echa encima. Por esa misma razón son tan importantes, porque hoy más que nunca es indispensable que en este océano de información alguien verifique los hechos con criterio de rigurosidad y profesionalidad. “Nuestro reto es mucho mayor que hace unos años, porque antes teníamos casi el monopolio de la información, mientras que ahora somos una voz más entre otras muchas. La prensa independiente tiene más posibilidades que nunca de sobrevivir en la medida en que precisamente no cometa los errores de la gran prensa; es decir, ha de ser una prensa que se interese por las cuestiones más serias, por las dimensiones económicas y sociales y que le hable a la gente realmente de sus problemas concretos”. Querer informarse sin esfuerzo es una ilusión más acorde con el mito publicitario que con la movilización social. Informarse cuesta mucho esfuerzo y es a ese precio que el ciudadano adquiere el derecho a participar inteligentemente en la vida democrática.
Numerosos
luchadores han ejercido el periodismo y el que quiere escribir lo hace en
cualquier parte. Durante la Segunda Guerra Mundial, Julius Fucik, checoslovaco
que redactaba para dos periódicos, sabía que había sido
condenado a muerte por un tribunal nazi en Berlín y con papel y pluma
entrados de contrabando, escribió en la cárcel su último
Reportaje al pie de la horca. “El periodista, cuando es entero, tiene
la posibilidad de analizar y hacer una crítica consecuente ante cualquier
problema que enfrente, por más complejo que sea. Cuando el periodista
dice la verdad y usa bien las herramientas de su oficio, tiene fuerzas multiplicadas
para llegar a la conciencia del pueblo”

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